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Hay etapas en la vida donde el cuerpo hace cosas increíbles. El embarazo es una de ellas. Y la lactancia, otra. En ambas, tu cuerpo trabaja de más, cambia de formas que no esperabas y necesita cosas que probablemente nadie te explicó con claridad.
Esto no es una guía de mamá perfecta. Es información que sirve, ordenada para que puedas encontrar lo que necesitas sin tener que leer quince artículos distintos.


Tu cuerpo está haciendo muchísimo
Durante el embarazo, tu cuerpo está trabajando en dos proyectos al mismo tiempo: el bebé y tú. Eso significa que ciertos nutrientes se vuelven más importantes, no porque antes no importaran, sino porque ahora la demanda es más alta.

Vitamina B clave durante el embarazo y la lactancia. Ayuda a prevenir defectos del tubo neural en el bebé. Se recomiendan 600 mcg al día, pero alcanzar esa cantidad solo con alimentos suele ser difícil, por eso normalmente se complementa con suplemento.

Es importante para el crecimiento y desarrollo cerebral del bebé.
Durante el embarazo, la cantidad de sangre en el cuerpo aumenta, por lo que necesita más hierro, debe recibir aproximadamente 27 miligramos de hierro al día.

Esencial para reducir el riesgo de preeclampsia y formar el esqueleto del bebé.
Consumirlo diario asegura que tu cuerpo no tenga que «robarle» minerales a tus propios huesos y dientes para completar la tarea.

Ayuda al cuerpo a absorber y aprovechar el calcio correctamente.
Es clave para la formación saludable de huesos y dientes del bebé.
No te vamos a dar una lista de 40 alimentos con su tabla de macros. Lo que queremos decirte es: tu plato debería tener frutas, verduras, proteína (carne, pescado, huevo, lácteos bajos en grasa), legumbres como frijoles o lentejas, y cereales como avena o arroz. Grasas como aguacate o semillas también cuentan y hacen falta.
Lo que conviene reducir: los ultraprocesados. Sopas de sobre, comida enlatada, jugos artificiales, refrescos, galletas, pizza frecuente. No porque seas mala mamá si los comes, sino porque compiten con los nutrientes que necesitas y pierdes terreno.

Los cambios hormonales del embarazo no se quedan solo en la pancita. La piel los registra: las estrías son el más conocido, pero hay otros que sorprenden más porque nadie los menciona.
El melasma, por ejemplo. Manchas oscuras que aparecen en frente, mejillas o labio superior, conocidas también como «paño del embarazo». No son permanentes en la mayoría de los casos, pero sí incómodas, especialmente porque la exposición al sol las intensifica.
También puede haber picazón, sensibilidad o una piel que de repente reacciona a cosas que antes toleraba sin problema. Todo es hormonal. Todo es temporal. Y hay cosas concretas que ayudan.
Limpia tu piel con productos seguros: Utiliza un limpiador corporal suave y libre de ingredientes no agresivos para limpiar diariamente tu cuerpo. Lava con movimientos suaves para evitar la irritación.
Hidrata y humecta la piel de tu cuerpo: Mantén tu piel hidratada y humectada utilizando productos que aporten agua a tu piel y ayuden a retener su humedad.
Protege tu piel del sol: Durante el embarazo, la piel es más propensa a la pigmentación, lo que puede resultar en la aparición de manchas oscuras en la cara conocidas como ‘melasma’ o ‘paño del embarazo’. Para prevenir estas manchas, es importante usar protector solar de amplio espectro con un alto factor de protección solar.

El embarazo puede sentirse muy mágico. Y también muy cansado. Las dos cosas pueden pasar al mismo tiempo. No necesitas hacerlo perfecto. Necesitas hacerlo cómo mejor te funcione. Comer mejor ayuda. El protector solar ayuda. Pero también ayuda dejar de compararte con una versión del embarazo que existe fuera de las fotos de redes sociales o revistas.
En YEMA nos gusta pensar que cuidarte no debería sentirse como otra tarea imposible de la lista. Estamos aquí contigo en esta bella etapa ¡Felicidades!
YEMA: así de fácil, así de bueno.